sábado, 6 de febrero de 2010

Polvo para la tierra


El pasado 24 de Diciembre estuve cerca de cometer el peor error de mi vida. No lo hice. Desde ese día mi mente solo pensaba en cómo llevar a cabo el obsesionante acto. Fué el jueves 14 de enero del año 2010 que mi corazón se estremeció ante un suceso inesperado. Este hizo que mi mente cambiara de opinión. Ese día Miguel Ángel, de 27 años de edad, se levantó de su cama a las 6:00 AM. Su madre, de nombre Reina, entre caricias y sonrisas; le ofreció desayuno antes que saliera a supervisar el trabajo de sus microbuses. La mirada, fría y llena de tristeza, de su hijo, hizo que la embargara una gran inquietud. Algo anda mal. Dijo en su mente. Lito, como le decía su familia de cariño, recibió una llamada a las 11:35 AM para que fuera a ver un parabrisas a la colonia ciudad futura, pues una de sus unidades había perdido uno en un accidente de tránsito. Él se hizo presente.
Regresé de estudiar a mi casa al mediodía. Luego de despojarme de mi vestimenta, y ponerme una más cómoda, decidí acercarme al comedor para almorzar. Era la 1:15 PM y casi terminaba de comer cuando escuché una serie de detonaciones que llamaron mi atención. Por un momento pensé que esos impactos eran golpes sobre una lata. No fué así. Son balazos. Pensé. Agarré mi arma de fuego y salí inmediatamente. Al correr hacia el lugar, unos amigos salían de sus viviendas con sus escopetas. No habían pasado 10 segundos y ya estábamos ahí. En ese preciso instante, una motocicleta con dos sujetos armados huía del lugar. Al llegar a la escena vimos boca abajo el cuerpo inmóvil de una persona. ¡Es el empanada! Dijo uno de los presentes.
Mientras miraba el cadáver de ese hombre, sentí como si hubiesen pasado muchas horas después del suceso, pues mis esperanzas de encontrarlo con vida se desvanecieron al verlo inerte. Su muerte fue instantánea. No se movía. Le desfiguraron el rostro con 12 balazos. Intentó correr pero su cuerpo voluminoso y su baja estatura hicieron que se le dificultara. Su cabello, parecido al de Roland Orzabal, vocalista del grupo tear for fears; quedó envuelto en una nube gelatinosa de sangre. 15 minutos después del incidente llegó la policía y junto con ella los curiosos.
Como se te va la vida en un segundo, dije, entre lamentos y una voz muy baja; a uno de los observadores. En ese momento llegaba la madre del difunto al lugar de los hechos. ¡Levantate Lito, vámonos papito para la casa!, decía, entre lamentos y llanto la mamá del fallecido. ¡Esa chele maldita me lo mató! ¡Él me decía: "mami la chele me va a matar"!, agregó con una voz envuelta en furia. ¡Cállese niña Reina!, la reprendió su sobrina. ¿Quién lo mató vos?, me preguntó el esposo de la autora intelectual del homicidio, sin saber que yo sabía lo que habían hecho. No sé. Respondí. Me acerqué al hombre con quien había entablado conversación primero. Quizás fue por la renta, me dijo en voz baja. Hay algo podrido en Mariona. Pensé.
Pasaron las horas y se llevaron el cadáver de Miguel Ángel. Todo volvió a la normalidad. Me hice muy amigo de aquel hombre con el que hablaba, sin saber que era el padre del joven que había intentado matar el 24 de diciembre.