Horas y horas en una oficina, sentado tras un escritorio sellando documentos del gobierno, le ocasionaban un estrés y una desesperación inmensa. Cada hora y media se levantaba del sillón, suave y esponjado de su oficina, para ponerse un sello con una sonrisa a la altura de sus labios. Lugar en donde tendría que haber una boca.
Siempre disimuló el accidente que tuvo en el zoológico de san salvador a sus 12 años de edad. Una pitón, de 7 metros de largo, rompió el cristal de la incubadora en la que se encontraba. Le asestó una mordida. La boca, del en ese entonces niño, fue destrozada inmediatamente.
La inseguridad de Bartolomeo tenía razones más fuertes para existir. Nunca había tenido una novia, ni amiga con derecho, y peor aún, jamás besó a una mujer en su vida.
Una mañana salió de su oficina y se encaminó hacia el lugar de trabajo de Carlos. Se decía en su mente “Carlos Eduardo es atractivo, de buena condición física y para colmo al cerote las chicas lo adoran”. Es pura mierda esta vida, decía mientras rechinaban sus dientes. Al verlo, se abalanzó hacia él y le pidió un consejo. Como hago para tener novia. Preguntó. El joven le contestó y le recomendó que buscara pareja en el Messenger. El desesperado hombre, sin suerte, así lo hizo.
Abrió una cuenta en el Messenger. No sabía que nombre utilizar. Quería llamar la atención de las mujeres y, entre risas disimuladas, decidió llamarse “gran oferta de liquidación”. Pensó que todas las ofertas vuelven locas a las del sexo femenino. Que pendejo soy, dijo con una expresión de insatisfacción en su rostro. Por eso no me hace caso ninguna hembra. Agregó.
Al entrar al chat, uno de sus amigos le recomendó que agregara a una joven que se hacía llamar golosa 69. Inmediatamente lo hizo. Las características físicas de la chica llamaron enormemente su atención. Era rubia, de piel trigueña y tenía una cara hermosa.
Bartolomeo comenzó a tener una gran química con golosa 69. Pero él no tuvo valor de mostrar su fotografía. Pasaron los meses y decidieron conocerse. Él le confesó que la fotografía no era de él y colocó la verdadera. A ella no le importó.
Se llegó el día de la cita. Era un día nublado. Las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer. El cielo mantenía un tono muy gris, al grado de parecer negro en algunas partes. El impaciente hombre llegó al lugar de reunión. La lluvia se volvió muy fuerte y el ansioso caballero se empapó al esperar a su doncella. Ella llegó horas más tarde.
Se miraron a la cara y ambos parecieron sentirse bien con el otro. Bartolomeo no se dio cuenta que el sello se le había borrado. Ella le dijo lo que pasaba. Él se sintió mal al saber que ella sabía que la sonrisa se le había borrado. Golosa 69, de nombre maría, sonrió y le dijo que no había problema y le mostró su estomago. Ella no tenía ombligo.
Decidieron ir a comer a un restaurante. Al terminar de cenar, ambos llegaron al acuerdo que se seguirían viendo. Bartolomeo se despidió de maría con un beso en la mejilla. En el momento en que ella iba cruzando la calle, volvió a ver a su enamorado. No se percató que un autobús venía a excesiva velocidad y la atropelló. Su muerte fue instantánea. Él lloró desconsoladamente al ver que su media naranja yacía tirada en el suelo.
Saludos, Carlos Eduardo. Tu blog está bien interesante. Está entre los mejores. Por eso, te animo a que lo mantengás y a que no lo dejés en el olvido. Me parece que para vos este blog puede terminar convirtiéndose en una ventana necesaria y de gran utilidad.
ResponderEliminarCuidate.
Manuel